Dios! Cómo te echo de menos!

El aguacero de mi boca se deshace en tu nombre, que se repite y se repite y se repite cada vez que algo, o alguien, me recuerda a ti.

Demasiado bajito, demasiado dulce para estar a mi lado, pero eras mi amigo al fin y al cabo. Que hables con otros de que me conociste me ayuda a superar que ésta vez no estarás cerca, que ésta vez me quedo sola mirando la puerta a ver si llegas.

Y hay momentos en los que me congelo de pena.

Hay momentos en los que puedo verte entrar de nuevo en mis oídos con tu voz risueña.

Hay días como hoy, y ayer, en los que toda yo soy tú, y todo tú es mi nombre.